Cuando un niño se aburre, tiene dos opciones:
- Encender una pantalla y recibir una distracción inmediata.
- Buscar alternativas que le permitan desarrollar iniciativa, creatividad y pensamiento crítico.
El cerebro infantil se desarrolla a través del juego libre, la exploración y la interacción humana.
Cuando el niño se aburre: se frustra, reflexiona y aprende de esa emoción. Este proceso le ayuda a gestionar dicha emoción, buscar alternativas desarrollando iniciativa propia, creatividad e imaginación.
La pantalla actúa como una distracción inmediata y el niño/a se acostumbra a esa gratificación instantánea.
La OMS alerta sobre el riesgo del uso de dispositivos electrónicos en niños y recomiendan:
Menores de 2 años → No deberían hacer uso de dispositivos.
Mayores de 2 años→ Máximo 2 hora al día.
Algunos expertos en desarrollo infantil advierten que el aumento del tiempo de exposición puede contribuir a los retrasos en el desarrollo cognitivo, lingüístico y motor. Además, también pueden influir de forma negativa en la atención y el sueño.
¿Y qué ocurre a nivel visual?
El uso excesivo de pantallas puede generar problemas como:
- Problemas acomodativos → Dificultad para enfocar al cambiar de distancia.
- Fatiga visual → Ojos secos, irritados y visión borrosa.
La visualización prolongada de pantallas también se relaciona con el aumento progresivo de la miopía, considerada la pandemia del siglo XXI.
Lo más adecuado es acordar juntos horarios y normas y, sobre todo, predicar con el ejemplo.